martes, 6 de noviembre de 2012

Imposibles X-Force de Remender


Con una regularidad apabullante (o sea, cada muchos meses nunca fallo), heme aquí dispuesto a escribir otra entrada en este blog. Tras unos meses en los que no encuentro trabajo, me encuentro muy decidido a darle regularidad al mismo, pero la cercanía inminente de mi segundo hijo y mi contrastada esporadicidad va a luchar muy fuerte para que no lo consiga. Desde hace unas semanas que pasan por mi mente varios temas a tocar, desde la vuelta a primera división de los equipos gallegos (Celta y Depor), hasta Lobezno, castigado personaje que no puede dar más de sí, pasando por un resumen de la actual situación de Marvel o por las maravillosas series que nos está dejando el bueno de Robert Kirkman. Sin embargo, lo que hoy tengo más fresco no es otra cosa que los últimos tebeos leídos. Llevo un cierto retraso de lecturas de Marvel porque se me quedó enganchado un número de Nuevos Vengadores (Bendis y Deodato Jr.), y cuando lo conseguí ya habían pasado unos meses que ahora estoy intentado recuperar a marchas forzadas. En estas que llego a la etapa pre-AvX (ya sabéis, ese cross-over donde Vengadores y Patrulla-X se juntan no precisamente para jugar al parchís), y ahí ando, leyendo esos tebeos justamente anteriores a dicho evento. Me encuentro con cosas buenas, interesantes, divertidas (Los 4 Fantásticos de Hickman, El Capi de Brubaker y Davis, el final de la etapa Aaron de Lobezno, los últimos números de los X-Men de Gischler), y algunas incluso sobresalientes (el Spiderman de Slott o, para mi sorpresa, el Avenging Spiderman de Wells, incluso con Madureira al timón de los lápices). También me encuentro algún tebeo de dudosa calidad (el Hulk de Aaron/Portaccio), por ejemplo.

Pero lo sorprendente, lo que no me esperaba, era el placer de leer el tercer tomo de Imposibles X-Force de Rick Remender. Me ha dejado absolutamente cautivado, embelesado. Ya había leído en el último año los dos primeros tomos, y si bien reconozco que el nivel era bueno, que las tramas eran interesantes, y que era un tebeo apetecible, no ha sido hasta este tercer libro cuando he disfrutado del conjunto de la obra con indudable goce. Remender ha sido capaz de hacer una historia con raíces profundamente ancladas en los años 90, pero ayudado de personajes de todas las épocas, empezando con el protagonista, Warren Worthington III, antiguamente conocido como el Ángel y posteriormente renombrado a Muerte, Arcángel y, ahora… Ángel Oscuro, heredero de Apocalipsis. Por ahí tenemos a Lobezno, que no puede faltar, a Mariposa Mental, cuya presencia se me hace indispensable para lo que nos querían contar, Masacre, para poner el punto de humor en algunos momentos de la historia que necesitan ser aplacados, o Fantomex, producto del nuevo siglo legado por Morrison. Con todos ellos, y algunos personajes más (por ahí anda Deathlok), Remender realiza su propia versión de la Muerte de Fénix, pero cambiando protagonista y con la posibilidad de ahondar más en las personalidades de cada uno de los caracteres que aquí confluyen.


Sin destripar mucho más, tenemos un viaje hasta la Era del Apocalipsis, donde Remender nos muestra la capacidad que tiene para mover a cada uno de los personajes de manera coherente con lo que han sido a lo largo de los años. Su versión de cada uno de ellos es correcta. Hablan, se mueven, toman decisiones y actúan de manera acorde a sus personalidades. Cada uno de ellos es verdaderamente distinguible de los otros, y cada uno de ellos vive su particular historia dentro de la historia. Este hecho es algo aplaudible cuando vemos que personajes de 50 años de historia se comportan como deben hacerlo, teniendo en cuenta toda su evolución, desde los años más lejanos, hasta los momentos más recientes. Esto consigue una historia creíble, en la que es fácil meterte, y desde luego, en la que terminas sufriendo por el destino de cada uno de ellos. Es curioso que conforme empezaba con los primeros episodios del tomo, se me hacía extraño ver cómo los acontecimientos se precipitaban, y lo que yo pensaba que sería un momento cumbre, Remender en lo convierte en un paso más dentro del nudo de la historia, dejándonos cada vez con más ganas de llegar al desenlace. Y lo que sucede con un personaje, sucede con todos y cada uno de los demás. No hay ninguno que desentone, no hay ninguno que haga algo fuera de lugar. Todos actúan como deberían hacerlo según lo que conocemos de ellos, y con tantos personajes en liza, esto ya es una auténtica victoria. Sin embargo, lo mejor está por llegar. Una vez dejada atrás la visita a la Era del Apocalipsis, magistralmente dibujada por Mark Brooks, nos metemos de lleno en la Saga del Ángel Oscuro. Lo anterior era un mero preámbulo, pero ¡vaya preámbulo! Por medio, muchas situaciones candentes, como el encuentro entre Lobezno y la Jean Grey de la Edad del Apocalipsis (y ya puestos, con el Rondador y con el Dientes de Sable de dicha realidad), o la sorprendente identidad del heredero de Apocalipsis en esta continuidad alternativa.

Hay que hacer forzosamente un inciso en este momento, porque hay que alabar la sorprendente labor de Mark Brooks, dibujante de línea clara, estéticamente muy limpio, con un estilo cartoon y algunas reminiscencias mangas. Con este currículum, uno no se espera que sea capaz de dibujar una historia que requiere oscuridad, pero vaya si lo hace. ¡A las mil maravillas! Apoyándose en el coloreado de Dean White, el resultado final es precioso y efectivo. Un dibujante al que tenía asociado con las colecciones juveniles e infantiles de la editorial, nos muestra aquí que el talento solo espera encontrar su sitio, y que es capaz de adaptarse a lo que le pidan.
 

Continuando con Remender, continúa su historia con Warren mostrándonos a un personaje que sin ser omnipotente (como la Fénix Oscura de la saga con la que comparaba anteriormente), consigue expresarse como alguien al que hay que temer verdaderamente precisamente por la cantidad de poder que maneja. Lo curioso es que  ese poder sí que se nos antoja mensurable, pero al mismo tiempo, imbatible. Warren y sus Jinetes (que ya fuimos conociendo en anteriores tomos) conjuntan un grupo temible, con una idea clara, con un objetivo cristalino en mente, y que llegado un momento Remender consigue hacernos creer que no hay más salida posible que la de aceptar el destino final. Pero lo más grande del tratamiento del Ángel es que, tanto a ojos de los lectores, como a ojos de los propios personajes (encabezados por Lobezno), sentimos lástima por él y deseamos su “cura”, al mismo tiempo que sentimos asco y deseamos su muerte. Es precioso cómo Remender consigue mostrar una dualidad tan exagerada de sentimientos con respecto a un mismo personaje. Es admirable cómo lo muestra tan inclemente, pero a la vez, tan sensible. Deseas machacarlo y salvarlo al mismo tiempo. Y ese dilema está columpiándose eternamente en cada página del tebeo. De manera magistral, Remender se apoya en el resto de personaje para que veamos desde muchos puntos de vista lo que está sucediendo, pero al mismo tiempo, no deja de romper con la linealidad narrativa para hacer avanzar la historia hasta un destino presumible, pero que nadie se atreve a concretar… hasta que se concreta. Aquí llega el momento cumbre, lo que todos esperan y que, no por anhelado, deja de ser real. Ese momento llega con unas viñetas obras del portadista, Esad Ribic, que complementa en ese último tramo la portentosa actuación del magnífico Jerome Opeña, dibujante que ha sabido narrar desde los momentos más íntimos a los más cruentos, pasando por la acción desenfrenada y por el humor absurdo de Masacre. Esos momentos finales son en los que Remender lo borda, ya que sabe aprovechar el actual estilo de-compresivo de narrar tebeos para deleitarnos con un momento para no olvidar. Ese momento que veíamos venir desde que se inició la saga y que llega, contundente, de una manera conmovedora. Remender ha conseguido hacerme un nudo en la garganta con el final…
 

Si terminara aquí este artículo, mi opinión será de haber leído un tebeo de Matrícula de Honor, pero hay que poner un defecto… y ese defecto puede emborronar todo. Para mi gusto, sobran las dos últimas páginas. La historia no las necesita. El Universo Marvel y el de los mutantes, puede vivir sin ese añadido de 6 viñetas (contando la última de la antepenúltima página). Sobran. Pero tal vez no le han dejado hacerlo, o tal vez no se ha atrevido él mismo. El caso es que queda un cabo totalmente abierto y que es el que no permite, definitivamente, comparar esta saga con la de Fénix Oscura. Pero aún así, Remender me ha demostrado que conoce de sobra a los personajes, que sabe cómo tienen que ser interpretados, y que con esa sabiduría saliendo de su mente, el resto es fácil, ya que solo hay que idear nuevas historias.

Para acabar este artículo, no puedo más que aplaudir fervorosamente los otros tebeos que, de casualidad, he leído justo a continuación: Vengadores Secretos del mismo guionista. Esta vez no busca hacer nada definitivo, esta vez, en esta su primera saga con estos personajes, busca plantar semillas… pero conforme lo hace, nos deleita con otro pedazo de historia donde nos acerca a personajes tan dispares como el Capitán Britania, Ojo de Halcón o el Incorregible Hombre Hormiga (el personaje de nuevo cuño que más me ha llenado en lo que va de siglo, dentro de Marvel), y lo hace, nuevamente, a la perfección. Cada uno es como es, y así nos los muestra.  Pero para esto ya habrá otro día… y sobre todo, para ver las consecuencias del final del nº20 de Vengadores Secretos de Panini. Lástima que ahora llega el cross-over, porque esto suena a coitus interruptus ¡sigh!

En fin, que este guionista acaba de ganarse un adepto más: el que esto suscribe.